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    Carta de Sofía Arévalo: “Gracias al Indie Collective”

    En el 2005 conocí a Joma Rubio. Me invitó a unas reuniones con su crew llamado Bleeding Wings Crew. Nos reunimos en un café de la colonia San Luis para platicar la mayor parte del tiempo sobre música. Meses después comenzamos con la iniciativa de planificar y organizar nuestros primeros toques de hardcore de la escena SXE (straight edge).

    Mi participación fue muy pequeña en la primera experiencia que tuvimos, pero el impacto que ese concierto me dejó fue muy grande. Durante esa época fui a diversos conciertos de punk y de hardcore. En estos toques conocí otra realidad que viven muchos jóvenes. Hice muy buenas amistades y a través de la música me di cuenta que la juventud salvadoreña no tenia los espacios adecuados para expresarse artísticamente. Las condiciones eran muy malas en cuanto a producción y audio: cosa que no tenía mucha importancia ya que prevalecía la unión de ideales que estos grupos expresaban en sus conciertos y en sus crews.

    Tiempo después, en uno de los eventos algo salió mal. Fui testiga de un episodio de violencia. Hubo muchas fracturas de relaciones, amenazas y malos entendidos. Eso me alejó de los toque de la escena hardcore. Paralelamente empecé a explorar los diversos proyectos artísticos que estaban sucediendo en El Salvador, que por diferentes limitantes eran escasos.

    En 2008, a través de Joma, conocí a Fran Maravilla. Ambos tenían en mente un proyecto para buscar espacios para los proyectos alternativos que estaban surgiendo en esa época. Los tres veníamos de diferentes escenas musicales. Ellos habían tenido una participación más activa en la escena underground de El Salvador; pero los tres coincidimos en que el punk, el metal y el hardcore ya no eran espacios en donde podían acoplarse éstas nuevas expresiones artísticas que estaban surgiendo. Con Fran y Joma hubo una química y una compatibilidad de querer hacer las cosas diferentes desde la primera vez que nos juntamos a platicar sobre lo que terminaría llamándose Indie Collective. Antes que una productora, Indie Collective nació como un colectivo para unir músicos y bandas de la nueva escena alternativa. Inicialmente contamos mucho con la ayuda de Walter Reyes y William López, personas que nos brindaron apoyo incondicional para la ejecución de los primeros eventos.

    Mi primera participación en este colectivo fue en julio del 2008. Fui vocera del primer evento del Indie Collective Pollution (primer nombre del Indie Collective). Ayudé a distribuir flyers en universidades, cafés y asistir a una que otra entrevista en radio para explicar el proyecto. Las primeras experiencias y acercamientos fueron difíciles. Nos encontramos con muchísimas trabas. Las bandas eran proyectos que apenas estaban comenzando. No contaban aún con una base de seguidores. Por ende, sin un público no teníamos cómo apostarle a que los lugares se abrieran para la producción de estos conciertos. En ese momento, todo el panorama del proyecto se convertía en algo desfavorecedor. A pesar de esto La Luna Casa y Arte nos abrió sus puertas y tuvimos nuestro primer evento con una audiencia de alrededor de 60 personas.

    Siempre admiré a Fran por tener ideas muy ambiciosas y motivarnos a ejecutarlas. Logró que el colectivo fuera más que solo música. Incorporó otras dos ramas artísticas: la fotografía y el diseño a nuestro sistema de producción. Sin darnos cuenta, o al menos en mi caso, nos estábamos convirtiendo en promotores, gestores y productores de la oferta musical salvadoreña. Aunque el nombre del proyecto era “indie” no solo estábamos enfocados en la música alternativa. En esos años pudimos colaborar con otros géneros musicales y otros colectivos; unificamos esfuerzos y logramos vincularlos con proyectos emergentes de la escena centroamericana. En el camino tuve el honor de poder trabajar con Luciana Fortis y Ricardo Santos (Chiky), ambos perfiles fueron clave para darle una nueva idea al colectivo.

    Los retos de iniciar este movimiento fueron muchos. Tuvimos que pensar en formas ingeniosas para dar a conocer los eventos, ya que las herramientas digitales no estaban a nuestra disposición como lo están hoy. Tuvimos que aterrizar nuestro discurso para poder expresarlo y que las personas ajenas al movimiento se interesaron en asistir a nuestros eventos. Tuvimos conciertos con afluencia de 10 hasta de 600 personas. Aprendimos cientos de formas de cómo “no producir”, de cómo “no negociar” y de qué fechas eran “malas”. A diez años del nacimiento de este proyecto los resultados son notorios; la participación de nuevos talentos es más amplia y los retos son diferentes. Gracias a los inicios del Indie Collective todos pudimos elegir caminos separados para aportar desde otras experiencias a seguir impulsando la música salvadoreña.

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